En Internet nadie sabe que eres un perro, ¿o sí?

Nadie sabe que res un perro

En Internet, nadie sabe que eres un perro

Peter Steiner, dibujante de viñetas del periódico The New Yorker, en 1993 hacía explícita mediante una conversación entre dos perros que observaban una pantalla de ordenador la importancia del anonimato y la preocupación por la privacidad. En internet, nadie sabe que eres un perro.

En 2001 el profesor Manuel Castells se refería a esta misma viñeta para recalcar que, al contrario, lo importante no es que nadie sepa que en realidad eres un perro, sino que lo importante sería no comportarse como un gato, sobre todo si uno no tiene la intención de quedarse «inmerso en el mundo íntimo de los gatos, porque en la red uno es lo que dice ser».

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El mundo se divide en dos

Decía Fernando Villalón que el mundo se divide en dos: Cádiz y Sevilla. Y en medio está la frontera.

En la era de la comunicación también el mundo se divide en dos. Entre los ciberoptimistas, que valoran en positivo los avances tecnológicos y las nuevas posibilidades que se abren gracias a la RED. Y los ciberpesimistas, que apuestan porque el cambio minimizará la capacidad de abstracción del ser humano para analizar críticamente la realidad e intentar transformarla.

Hoy Día Internacional de Internet esa división y ese debate están más vivos que nunca. Aunque yo, como siempre, me sitúo en la frontera.

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La marca España: historia, mentiras y páginas web.

marca_espana (1)Cada vez que alguien invoca fuerza de causa mayor para ocultar un asunto que no le conviene -casi siempre vinculado a intereses particulares- alude a la marca España como una suerte de bien superior que no se puede perjudicar.

La marca España es una especie de razón de estado en los tiempos de la Nueva Economía. Todo vale con tal de salvar de la crítica a las fuerzas que manejan nuestro Estado corporativista, donde el BOE y las leyes del mercado están fuertemente entrelazados, y no precisamente por una mano invisible.

Moncloa dixit: «La Marca España es una política de Estado, cuya eficacia reside en el largo plazo. La garantía de la continuidad del proyecto Marca España es que nazca y se desarrolle fruto del consenso, por encima de cambios políticos. Su objetivo es mejorar la imagen de nuestro país, tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras, en beneficio del bien común. En un mundo global, una buena imagen-país es un activo que sirve para respaldar la posición internacional de un Estado política, económica, cultural, social, científica y tecnológicamente».

La marca España tiene una nueva página web. www.marcaespana.es. No se la pierdan porque en ella el Gobierno se empeña en ofrecer la mejor de las caras de la piel de toro. Y claro, aprovechan una vez más para reinterpretar la historia.

No sabemos si los textos habrán corrido a cargo del ínclito Pío Moa. Pero el hecho es que se repite el tantra del Alzamiento Militar y eso de que la guerra civil fue la consecuencia directa de la segunda república.

Por supuesto, ni rastro de la dictadura y de la represión. Tras la guerra civil vino la transición. Hay que sumergirse mucho más al fondo de la web para encontrar referencias a la dictadura franquista. Todo sea por la marca España.

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Cómo funciona realmente el mundo

Corría el año 1976, pero ya por entonces Sidney Lumet tenía claro como funciona el tinglado. Lo mostró en la pelicula Network, un mundo implacable (1976).

Plenamente vigente, reproducimos la escena en la que Peter Finch -como Howard Beal- explica a William Holden –Max Schumacher- cómo funciona realmente el mundo.

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El software libre como `cleavage´ político

 

 

 

 

Un cleavage significa literalmente corte, hendidura o división. Es un asunto por el que una comunidad se divide de manera profunda y que presiona al sistema político y al sistema de valores.

Los cleavages políticos más importantes en la historia contemporánea española han sido: la religión, el modelo de Estado, el sistema de Gobierno, el modelo territorial o la cuestión social entre otros.

La mayoría de ellos se superaron con la Constitución de 1978, aunque algunos siguen latentes, y en situaciones de crisis como la actual afloran con insistencia.

Este resucitar temas antiguos que nos dividen es un modo de control social. De concentrar a la sociedad en polos de opinión pública que las grandes opciones partidistas controlan y son capaces de representar sin dificultad.

Pero lo decisivo para analizar la estabilidad o el cambio del sistema político y social no son sólo los cleavages antiguos, sino como emergen nuevos temas que son capaces de movilizar a la sociedad, y que se relacionan directamente con nuestro sistema democrático y la forma en la que nos organizamos desde un punto de vista político, pero también económico y social.

¿Es casual que en los últimos meses hayan reaparecido con fuerza temas como la monarquía, el papel de la religión o la estructura territorial de España?

Está claro que se explica por la crisis. Pero no sólo por eso. En los últimos meses, especialmente tras las movilizaciones del 15M, han entrado en la agenda política asuntos de gran calado, que potencialmente pueden convertirse en nuevos cleavages políticos, pero que los partidos tradicionales no quieren abordar porque no se atreven a liderarlos.

Hablo de un tema central como es el del software libre y la cultura libre. Que inciden directamente en lo político, en lo económico y en lo social. Y un gran impacto generacional.

El PP no cree en ellos. El PSOE sigue sepultado por la Ley Sinde. Sólo IU ha sido capaz de introducirlo tímidamente en su agenda parlamentaria. Casi todos han optado por taparlos. Pero es tu asunto sigue y seguirá ahí.

Quizá los grandes metarrelatos y las grandes utopías estén en horas bajas. Pero la posmodernidad y la revolución tecnológica nos ofrecen otros instrumentos para el cambio social y la mejora de la democracia.

La idea del software libre, el copyleft o la cultura libre tienen implicaciones políticas profundas, que beben de la teoría de la democracia deliberativa, y que indican el camino para la construcción de una nueva esfera pública. Los partidos que aspiren a la transformación social tendrán que abrazarlas si quieren seguir siendo relevantes.

Quizá Nietzsche, Marx y Dios hayan muerto. Pero desde luego sigue habiendo esperanza. Y tenemos nuevos apóstoles como Richard Stallman, el padre del software libre, que se desgañita diciendo verdades que se van a ir abriendo camino. Si no al tiempo. Aquí lo dejo en español.

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Obama, El País y un editorial por bulerías

Hubo un tiempo en que leía los editoriales del diario El País con avidez. Un día dejé de hacerlo. Fue el lunes 18 de julio de 2011. Bajo el título Final de ciclo, la editorial de El País exigía una dejación del poder inmediata por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. Además, completaba la arenga un artículo del ínclito Juan Luis Cebrián en el mismo sentido, Esta insoportable levedad.

Es cierto que Zapatero había cometido errores, pero el editorial estaba guiado más que por un análisis político general, por un ánimo de ajuste de cuentas, derivado de la guerra PRISA-Roures, y por una toma de posición en el debate interno del PSOE.

Tampoco era casual la fecha de publicación: un 18 de julio. Claramente animaban al golpismo en el Gobierno y en el PSOE.

Hoy, al ver el editorial de El País apoyando a Barack Obama me he acordado de aquel momento. Quizá entonces uno no estaba en la posición más independiente para opinar. Pero el tiempo ha ido afianzando el sentir general de que El País ya no es lo que era, especialmente desde que lo dirige Javier Moreno.

Quizá no sólo cambie El País, sino también nosotros. Hay un texto que he leído muchas veces y que me pongo como prueba para evaluarme a mí mismo: la tribuna libre de Tierno Galván que publicaba El País el día en que nací, Pragmatismo y política. Siempre le encuentro nuevos matices.

Lo he vuelto a releer. Y no ha cambiado mi compromiso y una idea clara sobre la justicia y la igualdad, que va más allá de circunstancias políticas y entronca con la ideología como forma de ver y querer transformar la realidad. De esto, en la línea editorial de El País queda poco.

Desde mi humilde bitácora, como la editorial del diario generalista de mayor tirada en España, también deseo que el miércoles nos despertemos viendo la sonrisa de Barack Obama tras haber renovado la confianza de la mayoría de los estadounidenses.

Mi diferencia con El País es que desde este rincón del Sur lo hacemos con convicción, alegría y sin intereses empresariales detrás. Y, por supuesto, por bulerías.

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Las redes sociales como instrumento de control político

 

 

Me cuentan que el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) -mejor no enlazo- ha encargado a una empresa privada, a través de fondos reservados, un cuantioso contrato para un programa de investigación, seguimiento y control de la red social Twitter.

Este contrato se salta todos los procedimientos que establece la Ley de Contratos del Sector Público, supuéstamente porque afecta a cuestiones de Seguridad Nacional. En el mismo se encarga el desarrollo de un software para tratar los perfiles de los usuarios, el tipo de información qué intercambian, cómo se relacionan, etcétera. Es decir quieren tener un mapa relacional de la sociedad española. Una suerte de Social Customer Engagement con fines poco claros.

Se trata de dedicar fondos públicos para proporcionar a una corporación privada datos sensibles. ¿Seguro que sólo lo utilizaran contra terroristas? Algunos altos cargos del Gobierno se refirieron al movimiento Ocupa el Congreso #25S como un movimiento golpista, ¿también se utilizará para frenar la acción de estos grupos? ¿O para amenazar la libertad de todo aquel que no piense de acuerdo a los intereses del Gobierno de turno? ¿Cómo garantizamos que estos mapas sociales no caigan en manos de otras empresas privadas para hacer negocio?

El Estado-nación como concepto jurídico-político hace aguas por todos lados. Los procesos de integración política y económica a escala internacional y la cesión de soberanía, como la Unión Europea y el euro; la globalización económica y las transacciones financieras sin límites; la conectividad total a través de Internet, etcétera… Son fenómenos que hacen que el Estado-nación haya perdido capacidad para organizar una sociedad desde el punto de vista material. Casi la única función tradicional que le queda es el monopolio en el ejercicio de la violencia, a través de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Y, claro, ahí no hay recortes. Sólo más madera.

Noticia relacionada: Gran Bretaña regulará los comentarios en las redes sociales

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