Cualunquismo político

Spencer Tunick - Masa desnuda

Spencer Tunick – Masa desnuda

El cualunquismo es el elogio del hombre común que trabaja, tiene familia, defiende la propiedad privada, que en épocas de violencia considera la posibilidad de la pena de muerte, ama el deporte, el aire libre, el sol, la ley, el orden y la eficacia policial.

Esta corriente de pensamiento nació en Italia hacia 1945 y tuvo su expresión en la revista L’uomo qualunque. Pero no piensen que es cosa del pasado. Para algunos que intentan dirigir el cotarro está más de actualidad que nunca.

El hombre común es el hombre sencillo, el del fútbol, la bandera, la familia, al que le pasa la vida por delante casi sin darse cuenta. El hombre que vota casi sin darse cuenta.

A ese hombre común hacen sus apuestas las élites económicas y políticas. Contra ese hombre común lanzan su mayor arma: el miedo. Ese hombre común que todos somos en algún momento y que los poderosos de verdad, no los políticos, quieren que seamos todo el tiempo.

Decía Henry Ford en 1922: “Esta claro que la gente no entiende el sistema monetario y bancario, porque si lo entendiese, creo que habría una revolución mañana por la mañana”. Pero para eso está el cualunquismo. El natural y el inducido. Al hombre común la intuición del robo colectivo al que estamos asistiendo en esta crisis le dura 10 segundos. La estafa impúdica pasa por encima de nosotros sin que lleguemos a alcanzarla.

El hombre común es la esperanza de los que aspiran a prolongar la estafa de la crisis como el mejor butrón para llevárselo todo por la cara. Una transferencia entre las rentas del trabajo y el capital sin precendentes y sin coste para los de arriba.

El cualinquismo se traslada a todos los escenarios. También a la política nacional y local. Donde algunos aspiran a que hablando poco y diciendo nada, el hombre común evite cualquier tentación de cambio. El cualunquismo es su única táctica. 

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En Internet nadie sabe que eres un perro, ¿o sí?

Nadie sabe que res un perro

En Internet, nadie sabe que eres un perro

Peter Steiner, dibujante de viñetas del periódico The New Yorker, en 1993 hacía explícita mediante una conversación entre dos perros que observaban una pantalla de ordenador la importancia del anonimato y la preocupación por la privacidad. En internet, nadie sabe que eres un perro.

En 2001 el profesor Manuel Castells se refería a esta misma viñeta para recalcar que, al contrario, lo importante no es que nadie sepa que en realidad eres un perro, sino que lo importante sería no comportarse como un gato, sobre todo si uno no tiene la intención de quedarse «inmerso en el mundo íntimo de los gatos, porque en la red uno es lo que dice ser».

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El Partido del Futuro: oportunidades y amenazas para la democracia

Hoy se ha presentado el Partido X o Partido del Futuro. En la entrada anterior en este blog `El software libre como cleavage político´ analizábamos la irrupción en el escenario político de una nueva dimensión. Pues bien, ya está aquí.

Lo sencillo en estos casos es abrazar o demonizar la nueva opción política. Pero deberíamos andar con calma. La aparición de este tipo de partidos ha tenido éxito en Alemania, Suecia, Finlandia… y también puede tenerlo en España.

La democracia se debilita cuando no es capaz de ampliar su base social. Sucedió en el pasado, y no podemos dejar que ocurra de nuevo en el futuro.

Si los partidos tradicionales no atienden a la agenda que plantean estas nuevas opciones, estarán cavando su propia tumba.

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El software libre como `cleavage´ político

 

 

 

 

Un cleavage significa literalmente corte, hendidura o división. Es un asunto por el que una comunidad se divide de manera profunda y que presiona al sistema político y al sistema de valores.

Los cleavages políticos más importantes en la historia contemporánea española han sido: la religión, el modelo de Estado, el sistema de Gobierno, el modelo territorial o la cuestión social entre otros.

La mayoría de ellos se superaron con la Constitución de 1978, aunque algunos siguen latentes, y en situaciones de crisis como la actual afloran con insistencia.

Este resucitar temas antiguos que nos dividen es un modo de control social. De concentrar a la sociedad en polos de opinión pública que las grandes opciones partidistas controlan y son capaces de representar sin dificultad.

Pero lo decisivo para analizar la estabilidad o el cambio del sistema político y social no son sólo los cleavages antiguos, sino como emergen nuevos temas que son capaces de movilizar a la sociedad, y que se relacionan directamente con nuestro sistema democrático y la forma en la que nos organizamos desde un punto de vista político, pero también económico y social.

¿Es casual que en los últimos meses hayan reaparecido con fuerza temas como la monarquía, el papel de la religión o la estructura territorial de España?

Está claro que se explica por la crisis. Pero no sólo por eso. En los últimos meses, especialmente tras las movilizaciones del 15M, han entrado en la agenda política asuntos de gran calado, que potencialmente pueden convertirse en nuevos cleavages políticos, pero que los partidos tradicionales no quieren abordar porque no se atreven a liderarlos.

Hablo de un tema central como es el del software libre y la cultura libre. Que inciden directamente en lo político, en lo económico y en lo social. Y un gran impacto generacional.

El PP no cree en ellos. El PSOE sigue sepultado por la Ley Sinde. Sólo IU ha sido capaz de introducirlo tímidamente en su agenda parlamentaria. Casi todos han optado por taparlos. Pero es tu asunto sigue y seguirá ahí.

Quizá los grandes metarrelatos y las grandes utopías estén en horas bajas. Pero la posmodernidad y la revolución tecnológica nos ofrecen otros instrumentos para el cambio social y la mejora de la democracia.

La idea del software libre, el copyleft o la cultura libre tienen implicaciones políticas profundas, que beben de la teoría de la democracia deliberativa, y que indican el camino para la construcción de una nueva esfera pública. Los partidos que aspiren a la transformación social tendrán que abrazarlas si quieren seguir siendo relevantes.

Quizá Nietzsche, Marx y Dios hayan muerto. Pero desde luego sigue habiendo esperanza. Y tenemos nuevos apóstoles como Richard Stallman, el padre del software libre, que se desgañita diciendo verdades que se van a ir abriendo camino. Si no al tiempo. Aquí lo dejo en español.

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