Podemos y Azaña

Azaña Pablo Iglesias

Si durante estas vacaciones no has tenido que discutir con tu cuñado, tu vecino, o ese amigo al que ves de vez en cuando sobre el fenómeno político del momento eres un afortunado. Entonces sí que has tenido unas buenas vacaciones. El resto de los mortales no hemos tenido más remedio que entre cerveza y cerveza escuchar tópicos sobre el futuro de la izquierda que algunos parecen acabar de descubrir. ¡La gente no respeta ni las vacaciones! ¿Dónde quedó esa sana costumbre británica de no hablar de política durante las comidas?

Lo cierto es que sólo hay que analizar los minutajes de los informativos o las conversaciones en el autobús o en la barra del bar durante el desayuno, para comprobar que Podemos es mucho más que una larga serpiente de verano.

Podemos pretende convertirse en un actor relevante en el sistema de partidos de nuestro país. Y, si no comete errores y el PSOE sigue sin reaccionar, va camino de conseguirlo. Pocas veces un movimiento social de tanto calado como el 15M ha tenido tan poca respuesta entre las fuerzas parlamentarias. Podemos no se explica sin esa falta de respuesta por parte de los partidos tradicionales ante las justas demandas ciudadanas que eclosionaron en mayo de 2011. Así que de aquellas aguas estos lodos.

Podemos sabe dónde quiere llegar y tiene claro cómo. Además, aunque en un contexto diferente, tiene antecedentes donde mirarse. Podemos y Manuel Azaña no tienen sólo en común la utilización sistemática del término “casta”.

El 13 de marzo de 1934, el diario alicantino El Luchador publicó el ideario político de Izquierda Republicana, la nueva formación de Manuel Azaña. En el punto dos de sus estatutos políticos decía lo siguiente:

“Deseamos gobiernos de republicanos puros que sientan con amor a la república, no que la acaten para mancillarla, sin compromisos con el pasado, libres de cualquiera de los prejuicios que puedan malograr aquel propósito revolucionario. A cuanto quede en nuestra sociedad de espíritu monárquico, a cuantas instituciones o personas necesitan para la imposición de su poderío que se gobierne monárquicamente, hay que obligarlas a que se queden en las afueras del gobierno de la República, respetadas si son respetuosas y castigadas primero y deshechas después como casta política, si atentan contra el régimen”

El partido político ideado por Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias aspira, como Manuel Azaña, a conquistar a través de la superioridad moral la hegemonía política del centroizquierda. 

A ver quién se atreve a contestar. Después de unas elecciones generales sin ningún partido con mayoría absoluta, ¿dejaría el PSOE gobernar al PP ante la incapacidad de llegar a un acuerdo con Podemos y otras fuerzas de izquierda?

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Eres lo que escuchas: Radio 3 y el sonido del latifundio

un-oasis-en-la-campina_17045750Esta gran estafa colectiva que es la crisis ha hecho que algunos retomemos la costumbre de hacer el recorrido Jerez Sevilla por la nacional IV en vez de por la autopista de peaje. Dicen que de las crisis surgen oportunidades. Y aunque consecuencias positivas se ven pocas, sin duda, esta es una de ellas. Contemplar una y otra vez los paisajes que se van sucediendo de Jerez a Los Palacios, pasando por El Cuervo, permite realizar en cada trayecto un ejercicio de sociología del paisaje.

Los que solemos hacer el bumerán entre Jerez y Sevilla nos hemos abandonado al automatismo anodino de una autopista despersonalizada y cara. Casi sin darte cuenta, con el paso de los años, a fuerza de hacer kilómetros y kilómetros de ida y vuelta, te vas haciendo inmune a la realidad social por la que pasas a más de 120 kilómetros por hora. Fijas tu atención más en el cuentakilómetros, el móvil, el reloj y las tertulias radiofónicas que en lo que dejas tras los eucaliptos que impiden la visión en los arcenes.

Así que de un tiempo a esta parte pongo Radio 3, subo la música, y me dejo abofetear por el serpentear de la carretera y la dictadura del latifundio. Contemplo como los azules se funden con el ocre del atardecer que emerge de la marisma, y  espero a que se revelen en mí el rumor de las cosechas, los ecos de las gañanías y la aspereza de una estructura de la propiedad que dice más de lo que somos que todas las obras públicas juntas.

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La marca España: historia, mentiras y páginas web.

marca_espana (1)Cada vez que alguien invoca fuerza de causa mayor para ocultar un asunto que no le conviene -casi siempre vinculado a intereses particulares- alude a la marca España como una suerte de bien superior que no se puede perjudicar.

La marca España es una especie de razón de estado en los tiempos de la Nueva Economía. Todo vale con tal de salvar de la crítica a las fuerzas que manejan nuestro Estado corporativista, donde el BOE y las leyes del mercado están fuertemente entrelazados, y no precisamente por una mano invisible.

Moncloa dixit: “La Marca España es una política de Estado, cuya eficacia reside en el largo plazo. La garantía de la continuidad del proyecto Marca España es que nazca y se desarrolle fruto del consenso, por encima de cambios políticos. Su objetivo es mejorar la imagen de nuestro país, tanto en el interior como más allá de nuestras fronteras, en beneficio del bien común. En un mundo global, una buena imagen-país es un activo que sirve para respaldar la posición internacional de un Estado política, económica, cultural, social, científica y tecnológicamente”.

La marca España tiene una nueva página web. www.marcaespana.es. No se la pierdan porque en ella el Gobierno se empeña en ofrecer la mejor de las caras de la piel de toro. Y claro, aprovechan una vez más para reinterpretar la historia.

No sabemos si los textos habrán corrido a cargo del ínclito Pío Moa. Pero el hecho es que se repite el tantra del Alzamiento Militar y eso de que la guerra civil fue la consecuencia directa de la segunda república.

Por supuesto, ni rastro de la dictadura y de la represión. Tras la guerra civil vino la transición. Hay que sumergirse mucho más al fondo de la web para encontrar referencias a la dictadura franquista. Todo sea por la marca España.

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Rebelión contra cien años de soledad política

La democracia en España siempre ha sido un quiero y no puedo, debido a la falta de una auténtica revolución burguesa y una clase media que la sustentase.

Los intentos de consolidarla se han debido más a impulsos corporativistas que a un consenso entrecruzado de tipo anglosajón -como teoriza John Rawls para la democracia norteamericana-. Lo que hubiese permitido un verdadero pluralismo sin miedo a que se descosiera la calma democrática con continuos pronunciamientos, golpes de estado y tensiones territoriales.

Ocurrió con la Restauración canovista y la Constitución de 1876. Y sucedió justo 100 años después, a partir 1976 con la transición democrática, los Pactos de la Moncloa y la Constitución del 78.

La Restauración y el turnismo político duraron lo que el propio Cánovas del Castillo y nuestras últimas colonias en Cuba y Filipinas. Y a partir de ahí todo fue descomposición y naufragio de un sistema político que no representaba la realidad social del país.

Ahora vamos por el mismo camino. Sólo la respuesta social y una auténtica renovación en el principal partido de la oposición pueden evitar la descomposición de España tal y como hoy lo conocemos. Una vía que pasa obligatoriamente por la apertura de un nuevo proceso constituyente que se erija sobre bases sólidas y democráticas, y que nos evite otros Cien años de soledad política.

Por eso cuando veo al Movimiento 15M, Rodea el Congreso, Empapela el Congreso, no puedo evitar recordar como:

Estaban debatiendo Canovas y Sagasta en el Congreso de los Diputados… ah no…

Estaban debatiendo Rajoy y Rubalcaba en el Congreso…, ah no, perdón…

Estaban Gerineldo Márquez y Aureliano Buendía hartos de tantos días de batalla y….

«Una noche le preguntó al coronel Gerineldo Márquez:

-Dime una cosa, compadre: ¿por qué estás peleando?

-Por qué ha de ser, compadre contestó el coronel Genireldo Márquez-: por el gran partido liberal.

-Dichoso tú que lo sabes contestó él-. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.

Eso es malo -dijo el coronel Gerineldo Márquez.

Al coronel Aureliano Buendia le divirtió su alarma. «Naturalmente -dijo-. Pero en todo caso, es mejor eso, que no saber por qué se pelea.» Lo miró a los ojos, y agregó sonriendo:

O que pelear como tú por algo que no significa nada para nadie

En fin, que -con todo el respeto al maestro Gabriel García Márquez–  el realismo mágico y el “macondismo” están muy arraigados en la historia política de nuestro país.

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