Eres lo que escuchas: Radio 3 y el sonido del latifundio

un-oasis-en-la-campina_17045750Esta gran estafa colectiva que es la crisis ha hecho que algunos retomemos la costumbre de hacer el recorrido Jerez Sevilla por la nacional IV en vez de por la autopista de peaje. Dicen que de las crisis surgen oportunidades. Y aunque consecuencias positivas se ven pocas, sin duda, esta es una de ellas. Contemplar una y otra vez los paisajes que se van sucediendo de Jerez a Los Palacios, pasando por El Cuervo, permite realizar en cada trayecto un ejercicio de sociología del paisaje.

Los que solemos hacer el bumerán entre Jerez y Sevilla nos hemos abandonado al automatismo anodino de una autopista despersonalizada y cara. Casi sin darte cuenta, con el paso de los años, a fuerza de hacer kilómetros y kilómetros de ida y vuelta, te vas haciendo inmune a la realidad social por la que pasas a más de 120 kilómetros por hora. Fijas tu atención más en el cuentakilómetros, el móvil, el reloj y las tertulias radiofónicas que en lo que dejas tras los eucaliptos que impiden la visión en los arcenes.

Así que de un tiempo a esta parte pongo Radio 3, subo la música, y me dejo abofetear por el serpentear de la carretera y la dictadura del latifundio. Contemplo como los azules se funden con el ocre del atardecer que emerge de la marisma, y  espero a que se revelen en mí el rumor de las cosechas, los ecos de las gañanías y la aspereza de una estructura de la propiedad que dice más de lo que somos que todas las obras públicas juntas.

Share

La fábrica de botellas de Jerez

Los próximos días se cumplirán tres años del cierre de la Fábrica de Botellas de Jerez. Nuevas amenazas se ciernen sobre los pocos trabajadores que quedan en la planta. La linea Malibú desaparece y despiden o trasladan a las 13 personas que la componen, con indemnizaciones o traslados a otros centros de la compañía en Azuqueca, Burgos o Zaragoza, exceptuando Sevilla.

En apoyo a todos ellos y a los que laboral o sentimentalmente están vinculados a la fábrica, reproduzco el artículo que hace dos años publiqué en Diario de Jerez.

En las fotos, mi padre, en la fábrica, durante la manifestación del 29 de septiembre de 2009 y en la concentración en Madrid en la sede central de Saint-Gobain.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 6 de septiembre de 2009 un viento frío en forma de portada de diario recorrió la ciudad. Después de dimes y diretes, de negociaciones políticas y de muchas promesas incumplidas, Saint Gobain anunciaba el cierre definitivo de la fábrica de botellas de Jerez.

Ni la presión social de una ciudad extrañamente unida en defensa de uno de sus símbolos, ni la marcha de los trabajadores y sus familias a Madrid, ni la mediación institucional, ni si quiera los datos objetivos de una factoría rentable y con una productividad superior a las de otras plantas del país, revirtieron la situación. VICASA echaba el cierre. El 25 de noviembre se llegaba a un difícil acuerdo con los sindicatos y se cerraba el conflicto, que no la herida.

Ahora se cumple un año. Y a pesar de que poco más de cuarenta personas siguen en la ronda de los Alunados con el eslivado de botellas, en el reescogido, en el arreglo de moldes y el almacenaje de productos de otras fábricas del grupo, ya nadie puede mirar a las chimeneas para saber de dónde sopla el viento o si va a llover.

Algunos se prejubilaron y otros muchos trasplantaron sus vidas a Alcalá de Guadaira. Pero la herida quedó abierta en los cientos de jóvenes de la ciudad que ven otra puerta cerrada para ganarse la vida. Quedó el sabor amargo de los que dieron lo mejor de sí mismos y que todavía esperan unas simples gracias. La perplejidad en las familias que sufrieron la incertidumbre de años de reivindicaciones laborales. O la impotencia de los que ven perderse otro retazo más del sustento y la identidad económica de una ciudad que desde la dura reconversión bodeguera de finales de los ochenta no sabe qué camino tomar.

Desde el inicio de la actividad deLa Jerezana, en 1895, y bajo diversas denominaciones, como Compañía General de Vidrieras Españolas, adquiridas por Saint Gobain en 1925; Vidrieras de Castilla S.A. (VICASA), a partir de 1974; o, finalmente, como VICASA Saint Gobain, desde 2001; la fábrica de botellas ha sido una de las señas de identidad de Jerez y parte de su tejido industrial asociado al campo y a la industria del vino.

El abuelo de mi abuelo trabajó en La Jerezana. Después, mi abuelo, mi padre y yo trabajamos en la fábrica de botellas. Cinco generaciones de mi familia, pero también de muchas otras familias de Jerez, hemos pasado por una fábrica que empleaba en sus orígenes, a finales del XIX, a más de mil obreros, o que a la altura de 1985 producía más de ciento setenta mil toneladas de botellas por año.

Supongo que a algunos no les gustará recordar los malos momentos, además, tan recientes, en la lucha por evitar el cierre. Pero estoy seguro que habrá formas para que no se olvide a tantos y tantos hombres y mujeres que velaron, se quemaron, y se dejaron la vida en esos 114 años de existencia de la fábrica de botellas de Jerez.

La fábrica ha sido para Jerez fuente de vida. Un pulmón económico, generador de empleos, tanto directos como indirectos. Motor de crecimiento y desarrollo urbano. Un elemento que trasciende lo económico y que se sitúa bajo la epidermis social.

A pesar del cierre, la fábrica todavía puede seguir contribuyendo al desarrollo de la ciudad. Eso exige hablar de la industria tradicional de Jerez en pasado, pero también en clave de futuro. La herencia de la fábrica para la ciudad es su suelo, si sabemos aprovecharlo. Podemos conformarnos con hacer viviendas. O que ese suelo tenga usos con efectos multiplicadores sobre la vida económica, social y cultural de la ciudad.

Un buen primer paso sería la incoación del expediente como Bien de Interés Cultural de las tres chimeneas de la fábrica. A pesar de estar protegidas por el planeamiento urbanístico, sería interesante su incorporación al Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, como arqueología industrial. Como lo está la chimenea de la antigua central térmica deLa Misericordia en la ciudad de Málaga.

La fábrica de botellas se encuentra en una posición estratégica en el centro de la ciudad. Pegada a las estaciones de ferrocarril y autobuses, al campus universitario dela Asunción, limitando con el centro histórico. Un suelo con todos los requisitos para emprender proyectos de recualificación y mejora urbana que actúen como polos de diversificación económica y también para la estructura social de la ciudad.

Es necesario un debate ciudadano. Garantizar que no son los trabajadores, y en general todos los contribuyentes, los que vuelven a perder ante una empresa ávida de beneficios y una administración local necesitada de ingresos. Estar alerta ante el uso de esos terrenos es una obligación de las autoridades locales y exige control ciudadano.

Esperemos que no volvamos a asistir a un episodio donde se repita el ciclo. Se cierra una industria en la ciudad. Se deja una actividad empresarial marginal. Con el tiempo la planta se cierra definitivamente. El tema desaparece de la primera línea de discusión pública. Las instalaciones se abandonan. Se convierten en lugar de conflicto y foco de delincuencia e insalubridad. A continuación, son los propios vecinos los que reclaman la actuación municipal sobre los terrenos. Y al final, se acaba con una modificación puntual de la planificación urbanística y se construyen viviendas. Y una zona industrial acaba siendo zona residencial.

Es un buen momento para evidenciar que no se anteponen los intereses particulares a los generales de la ciudad. Que existen modelos diferentes de ciudad. Que no se fía todo a la inversión externa, que un día llega y otro se va. Y que apostamos por el desarrollo endógeno, por abrirnos a otros escenarios que nos alejen de ser una ciudad con una economía exclusivamente ligada a un sector servicios precario, un turismo que no despega, una excesiva dependencia de las administraciones públicas y que tiene como único recurso su capacidad para ofrecer suelo barato.

Share

Obama, El País y un editorial por bulerías

Hubo un tiempo en que leía los editoriales del diario El País con avidez. Un día dejé de hacerlo. Fue el lunes 18 de julio de 2011. Bajo el título Final de ciclo, la editorial de El País exigía una dejación del poder inmediata por parte de José Luis Rodríguez Zapatero. Además, completaba la arenga un artículo del ínclito Juan Luis Cebrián en el mismo sentido, Esta insoportable levedad.

Es cierto que Zapatero había cometido errores, pero el editorial estaba guiado más que por un análisis político general, por un ánimo de ajuste de cuentas, derivado de la guerra PRISA-Roures, y por una toma de posición en el debate interno del PSOE.

Tampoco era casual la fecha de publicación: un 18 de julio. Claramente animaban al golpismo en el Gobierno y en el PSOE.

Hoy, al ver el editorial de El País apoyando a Barack Obama me he acordado de aquel momento. Quizá entonces uno no estaba en la posición más independiente para opinar. Pero el tiempo ha ido afianzando el sentir general de que El País ya no es lo que era, especialmente desde que lo dirige Javier Moreno.

Quizá no sólo cambie El País, sino también nosotros. Hay un texto que he leído muchas veces y que me pongo como prueba para evaluarme a mí mismo: la tribuna libre de Tierno Galván que publicaba El País el día en que nací, Pragmatismo y política. Siempre le encuentro nuevos matices.

Lo he vuelto a releer. Y no ha cambiado mi compromiso y una idea clara sobre la justicia y la igualdad, que va más allá de circunstancias políticas y entronca con la ideología como forma de ver y querer transformar la realidad. De esto, en la línea editorial de El País queda poco.

Desde mi humilde bitácora, como la editorial del diario generalista de mayor tirada en España, también deseo que el miércoles nos despertemos viendo la sonrisa de Barack Obama tras haber renovado la confianza de la mayoría de los estadounidenses.

Mi diferencia con El País es que desde este rincón del Sur lo hacemos con convicción, alegría y sin intereses empresariales detrás. Y, por supuesto, por bulerías.

Share

Jerez tiene futuro

Jerez, mi ciudad, últimamente sólo aparece en la prensa por noticias negativas que tienen que ver con la mala gestión de algunos de sus gobernantes. Pero Jerez es mucho más que la deuda de su Ayuntamiento, el ERE del personal municipal, el paro, el robo de bombonas de butano, los apagones o el chino que se acerca al parque de bomberos con intención de comprar un camión en el que ponía se vende con motivo de una protesta laboral.

Jerez tiene futuro y personas dinámicas, comprometidas y abiertas que nada tienen que ver con la mediocridad que parece haberse instalado entre su clase dirigente política y empresarial.

Están en crisis hasta los que nos cuentan las noticias sobre la crisis. Una prueba más son los despidos del Grupo Joly en Diario de Jerez. Otro aguijón en un medio de comunicación que forma parte del corazón mismo de la ciudad.

Para todos los que como yo, nos sentimos orgullosos de ser jerezanos,  sin chovinismo ni falsas melancolías, y pensamos que Jerez tiene futuro, os dejo este vídeo.

Es urgente levantarse. Y hay que empezar por sacudirse la caspa. Jerez tiene futuro, aunque a veces nos cueste encontrar razones.

 

Share

La autopista de peaje Sevilla Cádiz y Aumar

La crisis hace que economistas, publicistas y lobbies varios afinen su puntería. Cuando de exprimir a los asalariados se trata, hay que dar una vuelta de tuerca más al lenguaje para que todos paguemos sin rechistar. El último episodio es el de la posible quiebra de las empresas concesionarias de las autopistas de peaje. 

Ante tal cataclismo, la ministra de Fomento, Ana Pastor, se ha apresurado a anunciar que los Presupuestos Generales del Estado, que se aprueban este jueves en el Congreso, incluirán 250 millones de euros para rescatar a estas empresas. Sigue leyendo

Share