Rebelión contra cien años de soledad política

La democracia en España siempre ha sido un quiero y no puedo, debido a la falta de una auténtica revolución burguesa y una clase media que la sustentase.

Los intentos de consolidarla se han debido más a impulsos corporativistas que a un consenso entrecruzado de tipo anglosajón -como teoriza John Rawls para la democracia norteamericana-. Lo que hubiese permitido un verdadero pluralismo sin miedo a que se descosiera la calma democrática con continuos pronunciamientos, golpes de estado y tensiones territoriales.

Ocurrió con la Restauración canovista y la Constitución de 1876. Y sucedió justo 100 años después, a partir 1976 con la transición democrática, los Pactos de la Moncloa y la Constitución del 78.

La Restauración y el turnismo político duraron lo que el propio Cánovas del Castillo y nuestras últimas colonias en Cuba y Filipinas. Y a partir de ahí todo fue descomposición y naufragio de un sistema político que no representaba la realidad social del país.

Ahora vamos por el mismo camino. Sólo la respuesta social y una auténtica renovación en el principal partido de la oposición pueden evitar la descomposición de España tal y como hoy lo conocemos. Una vía que pasa obligatoriamente por la apertura de un nuevo proceso constituyente que se erija sobre bases sólidas y democráticas, y que nos evite otros Cien años de soledad política.

Por eso cuando veo al Movimiento 15M, Rodea el Congreso, Empapela el Congreso, no puedo evitar recordar como:

Estaban debatiendo Canovas y Sagasta en el Congreso de los Diputados… ah no…

Estaban debatiendo Rajoy y Rubalcaba en el Congreso…, ah no, perdón…

Estaban Gerineldo Márquez y Aureliano Buendía hartos de tantos días de batalla y….

«Una noche le preguntó al coronel Gerineldo Márquez:

-Dime una cosa, compadre: ¿por qué estás peleando?

-Por qué ha de ser, compadre contestó el coronel Genireldo Márquez-: por el gran partido liberal.

-Dichoso tú que lo sabes contestó él-. Yo, por mi parte, apenas ahora me doy cuenta que estoy peleando por orgullo.

Eso es malo -dijo el coronel Gerineldo Márquez.

Al coronel Aureliano Buendia le divirtió su alarma. «Naturalmente -dijo-. Pero en todo caso, es mejor eso, que no saber por qué se pelea.» Lo miró a los ojos, y agregó sonriendo:

O que pelear como tú por algo que no significa nada para nadie

En fin, que -con todo el respeto al maestro Gabriel García Márquez–  el realismo mágico y el «macondismo» están muy arraigados en la historia política de nuestro país.

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