Podemos `ma non troppo´

Desde Cádiz a Barcelona, y desde La Coruña a Madrid un viento gélido recorre los proyectos municipales de Podemos. Un viento gélido que no es otra cosa que la aceptación del principio de realidad, ante la imposibilidad de acometer todos los apetitos transformadores de esta fuerza política. Un viento gélido que se ha presentado estas últimas semanas en forma requerimiento ministerial que obliga a las Administraciones territoriales, también las gobernadas por Podemos, a cumplir con el criterio equivocado pero inflexible del Ministerio de Hacienda y su férrea interpretación de las leyes de estabilidad.

Montoro hace una interpretación más dura incluso que Bruselas sobre las reglas fiscales. La regla de gasto impide a las Comunidades Autónomas dedicar los aumentos en sus ingresos a políticas públicas y no deja a las corporaciones locales utilizar sus superávits para cubrir necesidades sociales. Esta interpretación dura no es casual. El Reino de España cumplió su objetivo de déficit –flexibilizado varias veces por la Comisión Europea- gracias al esfuerzo de CCAA y Ayuntamientos.

Todas las Administraciones, y por ende, todos los ciudadanos sufren la política austericida del Gobierno Rajoy. Política austericida que viene de Bruselas, pero que tiene en el Gobierno del PP un ejecutor entusiasta. Y lo es por motivos ideológicos, pero también territoriales. Reventar el Estado de Bienestar, el Estado de las Autonomías y el municipalismo al mismo tiempo. Pleno al 15 y encima siguen en el poder pese a la corrupción generalizada.

España es uno de los países que más duramente interpreta las reglas fiscales, especialmente cuando se trata de Administraciones autonómicas y locales. A pesar de haber comprobado que la austeridad no era expansiva, Montoro sigue apretando. Sin querer hacer caso a la evidencia académica y social que advierte que en este momento del ciclo son necesarios algunos incentivos del sector público.

Nada, Montoro no deja de apretar. Y ha exigido al gobierno municipal de Madrid un recorte en sus presupuestos que obliga a utilizar su superávit a amortizar de manera anticipada la deuda, en vez de dedicarlo a inversiones y políticas públicas. Al comienzo Podemos amagó con la insumisión, pero se ha impuesto la realidad de que no se puede ir en contra de quien proviene tu financiación.

El tema de la deuda y de los superávits presupuestarios ha supuesto de algún modo la pérdida de la inocencia política de un movimiento que se presentaba libre de ataduras, y que se autoafirmaba como izquierda verdadera frente a un PSOE, que era acusado de haber abandonado la defensa de los intereses de los trabajadores y los más débiles.

La obligación de Carmena de asumir las tesis presupuestarias de Montoro es la prueba del 9 de que Podemos empieza a notar las resistencias que para la transformación social tiene una realidad institucional donde operan intereses contradictorios que no siempre permiten hacer lo que uno quiere. Podemos, ma non troppo. Pues han notado en carne propia que la realidad está ahí. Injusta, excesiva, arbitraria a veces, pero está ahí, y toda la fuerza de nuestros deseos no sirve para derribarla de un plumazo. “No estamos de acuerdo con lo que nos pide el Ministerio, pero actuamos con máxima responsabilidad institucional sin comprometer nuestras políticas públicas”. Seguramente estas declaraciones del gobierno municipal de Ahora Madrid hace unos meses les hubieran sonado a traidoras en boca de un representante socialista. Pero ahora las hacen desde Podemos y sus mareas. Ellos son los que tienen la responsabilidad institucional. Toca mojarse, y en alguna medida ser pragmáticos. Los mimbres son los que son. Y no devienen sólo de la reforma del 135 –por muy discutible que sea-, sino, sobre todo, de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera a la que el PSOE votó No.

Dos mensajes. Uno para el PSOE. El principio de realidad indebidamente asumido te impide empatizar con las aspiraciones sociales, especialmente en momentos de extrema dificultad. Y eso, junto con el adocenamiento y la adscripción a valores, conductas y entornos que no son propios pasan factura. Otro para Podemos. Bienvenidos. La política institucional era esto. Hay reglas que hay que cumplir sí o sí, y no por eso se es un traidor a los principios.

Publicado en Sistema Digital. 27 de abril de 2017.

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Podemos y Azaña

Azaña Pablo Iglesias

Si durante estas vacaciones no has tenido que discutir con tu cuñado, tu vecino, o ese amigo al que ves de vez en cuando sobre el fenómeno político del momento eres un afortunado. Entonces sí que has tenido unas buenas vacaciones. El resto de los mortales no hemos tenido más remedio que entre cerveza y cerveza escuchar tópicos sobre el futuro de la izquierda que algunos parecen acabar de descubrir. ¡La gente no respeta ni las vacaciones! ¿Dónde quedó esa sana costumbre británica de no hablar de política durante las comidas?

Lo cierto es que sólo hay que analizar los minutajes de los informativos o las conversaciones en el autobús o en la barra del bar durante el desayuno, para comprobar que Podemos es mucho más que una larga serpiente de verano.

Podemos pretende convertirse en un actor relevante en el sistema de partidos de nuestro país. Y, si no comete errores y el PSOE sigue sin reaccionar, va camino de conseguirlo. Pocas veces un movimiento social de tanto calado como el 15M ha tenido tan poca respuesta entre las fuerzas parlamentarias. Podemos no se explica sin esa falta de respuesta por parte de los partidos tradicionales ante las justas demandas ciudadanas que eclosionaron en mayo de 2011. Así que de aquellas aguas estos lodos.

Podemos sabe dónde quiere llegar y tiene claro cómo. Además, aunque en un contexto diferente, tiene antecedentes donde mirarse. Podemos y Manuel Azaña no tienen sólo en común la utilización sistemática del término “casta”.

El 13 de marzo de 1934, el diario alicantino El Luchador publicó el ideario político de Izquierda Republicana, la nueva formación de Manuel Azaña. En el punto dos de sus estatutos políticos decía lo siguiente:

“Deseamos gobiernos de republicanos puros que sientan con amor a la república, no que la acaten para mancillarla, sin compromisos con el pasado, libres de cualquiera de los prejuicios que puedan malograr aquel propósito revolucionario. A cuanto quede en nuestra sociedad de espíritu monárquico, a cuantas instituciones o personas necesitan para la imposición de su poderío que se gobierne monárquicamente, hay que obligarlas a que se queden en las afueras del gobierno de la República, respetadas si son respetuosas y castigadas primero y deshechas después como casta política, si atentan contra el régimen”

El partido político ideado por Juan Carlos Monedero y Pablo Iglesias aspira, como Manuel Azaña, a conquistar a través de la superioridad moral la hegemonía política del centroizquierda. 

A ver quién se atreve a contestar. Después de unas elecciones generales sin ningún partido con mayoría absoluta, ¿dejaría el PSOE gobernar al PP ante la incapacidad de llegar a un acuerdo con Podemos y otras fuerzas de izquierda?

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