Griñán y el viaje del héroe

adaptación-DalíPara el gran público en política no existen héroes, sólo villanos. Pero Pepe Griñán durante los últimos cuatro años ha realizado su particular viaje del héroe liderando el socialismo andaluz. Ha asumido, entre entusiasmado y distraído, el rol de El Héroe de las Mil Caras de Joseph Campbell y ha sentido en sus carnes los vaivenes del peso y la levedad.

He leído a muchos opinadores profesionales analizar con más o menos suerte la trayectoria de Griñán y su salida de la Presidencia de la Junta. Se han apuntado muchas razones. Pero nadie se ha parado a ver en esta decisión un motivo ontológico, que tiene que ver con la creación de un relato sobre sí mismo.

El viaje del héroe es una tradición arquetípica, un esquema que se repite una y otra vez. Es el relato que está en todos los relatos. El héroe debe llevar a cabo una tarea. Se pone en marcha y, a lo largo del camino, se encuentra con adversarios y aliados. Logra hacerse con la fórmula mágica y hace frente a su oponente, venciéndolo, aunque es marcado en ese proceso. Una vez que consigue lo que busca, deshaciéndose de sus perseguidores, toma el camino de regreso a casa.

Al comienzo el héroe es atraído y llevado hacia el umbral de la aventura, casi contra su voluntad. Son algunos de sus compañeros de Consejo de Gobierno quienes para frenar otras preferencias de Zapatero lo cooptan para San Telmo. En el umbral de la aventura el héroe emprende la batalla con el hermano. Es la primera gran batalla. La ruptura con Chaves, el congreso regional de Sevilla y los cambios en el Gobierno. El triunfo puede ser representado de muchas maneras. Pero en nuestro caso es el robo del fuego a los dioses, que supone intrínsecamente la expansión de la conciencia, la iluminación y la libertad. Es lo que algunos han llamado en lo orgánico el final de los del Antiguo Testamento.

Tras cruzar el umbral, el héroe ya no puede parar. Las indecisiones del comienzo se diluyen. El héroe es consciente de la palabra sacrificio y de su fatum. Avanza a través de un mundo de fuerzas poco familiares y sin embargo extrañamente íntimas, algunas de las cuales lo amenazan peligrosamente. Es de sobra conocida la frase de Konrad Adenauer: “hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido”.

Son pruebas que tiene que afrontar, no hay escapatoria posible. Para superarlas se encontrará con colaboradores habituales y con aliados insospechados que le serán útiles para superar las pruebas. Aquí hay una amplia lista de conflictos, pero, afortunadamente, también una larga lista de nombres de aliados. Cada cual que apunte los que crea más decisivos.

Cuando llega al cénit de su periplo mitológico, pasa por una prueba suprema y recibe su recompensa. Las elecciones del 25 de marzo de 2012. Aquí el protagonista empieza a darse cuenta de su potencial heroico oculto. Pero en el mismo momento del esplendor del triunfo y con una banda sonora que bien podría ser El cuarteto de cuerdas nº 16 en Fa mayor Opus 135 de Beethoven, el héroe percibe su Es muss sein! Su papel es “servir de puente entre dos generaciones”.

El congreso de Almería le sirve como confirmación final de que sin estrategia de fondo no hay táctica que valga. En algunos momentos los seguidores del héroe lo creen divino. Los héroes son mortales, aunque tengan algunas cualidades de deidad. De ahí que el héroe tenga que dejar claro a los suyos que es mortal: “Si me pinchan, sangro”.

Griñán sabe que la izquierda andaluza necesita un líder al que se le salga el corazón por la boca. Y emerge Susana Díaz. Una política capaz de reconstruir una mayoría social fuerte con la que recuperar la hegemonía política del PSOE en Andalucía

Ya sólo queda el trabajo final, aunque uno de los más complicados: el regreso. Las fuerzas han bendecido al héroe, y ahora éste se mueve bajo su protección. Aunque en la salida hay obstáculos -la sombra de Alaya y su eterna instrucción de los ERE irregulares-, el héroe supera a esa parte del Olimpo que conjura contra él y vuelve  a emerger del reino de la congoja (retorno, resurrección). A continuación, después de muerto como presidente de la Junta, gana su última batalla: la renovación del PSOE federal. El bien que trae restaura el mundo: es el elixir, es decir, un nuevo periodo de hegemonía política.

La última fase es la recompensa. La conciencia de la unidad de todas las cosas. Ya que sólo al final, el viaje cobra sentido completo. Es entonces cuando el héroe se da cuenta que no había manera de evitar la travesía. Que la única salida es hacer lo que hizo, y que se trataba de su destino. Para entonces el hombre ya está solo.

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